lunes 9 de junio de 2008

Mención a la Mejor Insistencia. Y ese Día, por Paola Gallardo

Y ese día, en el camino de regreso a casa debí arrojar cada uno de aquellos momentos, pero no encontré el ánimo suficiente.

Y aquella noche, el agua debió llevarse por el desagüe los sueños horrendos, las hermosas pesadillas, pero mi alma se encadenó a ellos para no ahogarse en la tristeza.

Me había resistido a dejarlos escapar por miedo a caer en el vacío. Y cuando quise darme cuenta ya era demasiado tarde.

Entonces comprendí que nunca más me abandonarían, que tendría que vivir con su recuerdo el resto de mis días.

Todo fue tan bonito que al volver a la realidad y observar lo que había perdido, el pesar inundó mis ojos y las lágrimas me marcaron a fuego.

Mención al más Irreverente. N-748, por Alberto López.

Se encontraba mal, estaba pálido, incluso yo diría que estaba muy enfermo. El sargento le ordenó en plena batalla que se retirase, pero él cogió su arma N-748 y siguió contratacando y matando a todos los extraterrestre de Júpiter que habían invadido el planeta Tierra.

Mención al más Inquietante. En el Patio del Colegio, por Neyra Pontes.

En el patio del colegio, un murmullo hace presenciar pelea. Todos acuden rápidamente. De pronto el silencio inunda el patio. Las manos de varios chicos están ensangrentadas. Las miradas se cruzan buscando explicaciones. El rumor de pelea no era cierto.

Accesit. Quizás Era un Amigo..., por David Aguado

Cuando se quitó el sombrero y descubrí su cara desdfgurada no dejaba de pensar en largarme de allí, me sentía acorralado. Metió la mano en su chaqueta y luego la extendió con la palma de la mano hacia arriba mirándome fijamente y sonriente. Era el anillo de mi madre que buscaba como loco. Lo cogí y sali corriendo mientras tenía en mi cabeza grabada la silueta de aquel hombre. Paré en seco y me puse a pensar si debía darme la vuelta y darle las gracias, pero me daba miedo y no lo conocía de nada.

Volví a buscarlo pero su figura se perdió entre la multitud.

¡Maldito anillo! De qué me servía ya si me había quedado solo, si no tenía a nadie... Quizás lo que buscaba no era un anillo...
...quizás era un amigo.

Accesit. Sigo Vivo, por Buenaventura Rodríguez

Se arrasta hasta el botiquín. De fondo "Slow Ride", de Foghaa. No puede apoyarse en su pie izquierdo, pero no está roto, seguro. Su mano se ha llevado la peor parte, totalmente pelada. En el resto de su cuerpo sólo un par de arañazos. Pero lo peor no son sus heridas. La moto. Su padre vuelve mañana, lo va a matar.

Todavía tenía aquella imagen en la mente...

Cuatro motos. La suya, la más potente, 250 c.c. Sin carnet y sin casco. ¿Quién le mandaría coger la moto de su padre? De repente acelera. Grita de júbilo. Y cuando mira hacia adelante... -¡Curva!- A más de 100 y con peralte, -...menos mal...-. Clava los frenos. Dios, no tiene casco. Una gran humareda. Todos se bajan de sus motos. Una sombra aparece entre la humareda. Es él. Está bien. Le ayudan a llevar la moro a su casa y pide a sus amigos que no cuenten nada, aqunque el estado de la moto le obliga a contarlo. Espera que su padre no vea el desastre. Falsa esperanza. Aquella noche iba a ser recordada durante mucho tiempo.

Sólo quiere olvidar aquello cuanto antes. Se mete en la cama. Ya no tiene más ganas de nada, sólo de dormir. Y mientras se queda dormido en su cama sonríe pensando, sigo vivo.

Segundo Premio. Pablo Boza, por No Sabes el Placer que Siento al Veros Juntos...

Dolores, si supieras cuánto dolor siento al llegar a casa y no encontrar la mirada dulce que ansiaba, el matar un “te echo de menos”, unir mis labios con los tuyos por algo que no fuese puramente rutinario, ni una caricia, ni una pizca de amor…

Aún recuerdo cuando te vi por primera vez. Mi vida empezó justo ahí, viéndote pasar entrando por las puertas de aquel bar, mi corazón late desde entonces. Esperar solo en el sofá es ahora mi vida, recibir tu vuelta y ver marcas sospechosas en tu cuello, mi tortura. Quererte como te quiero, mi condena.

Cada llamada misteriosa, cada salida injustificada, cada susurro que soporto a mis espaldas…

¿Tocarte? Un una mentira.

¿Verte reír? Un recuerdo

¿Sentirme querido? Un sueño desechado.

Y te encuentro aquí, confirmando mis sospechas, manchando mi matrimonio en nuestro dormitorio con Fernando, y casualmente estamos en la habitación: Dolores, Fernando, mi recién adquirida mágnum con 3 balas y yo…

Sólo recuerdo una luz que me cegó, el notar como un casquillo caliente caía… una bocanada de aire que purificaba todos mis tormentos. Esa luz ahora conocida me cegaba de nuevo, sentir otro casquillo caer, rompiendo el aire que me rodea, muriendo con un sonido agudo en el suelo.

Más tarde, sólo recuerdo el sabor de la pólvora en mi boca y una indecisión, que término siendo la causa directa de que este aquí, sonriendo, viéndola pasar, entrando por las puertas del infierno…

domingo 8 de junio de 2008

Primer Premio. En el Suelo, por Eduardo Pérez

En el suelo, una hormiga intentaba empujar un fragmento de comida absurdamente grande para su ridículo tamaño. Pretendía asirlo de mil formas, avanzaba un poco y luego se detenía, y parecía desesperarse al ver lo desproporcionado de su empresa. Llevaba ya un rato así, y yo llevaba el mismo tiempo observándola desde las alturas, sentado en aquel banco de piedra. Volvió a empujar su trozo, moviéndolo apenas. Me pareció una maravillosa metafora sobre la futilidad de la existencia, y a mi me encantan las metáforas y además poseo un enorme sentido de la piedad, así que mi pie dio un paso hacia adelante y la suela de mi zapato aplastó la hormiga y su comida contra el suelo, acabando con su crisis existencial.